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17/09/2021
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Comer en la quijotesca ínsula Barataria

Las medidas emprendidas en la agricultura recientemente probarán efectividad en la medida en que aumenten la producción y las ofertas.

Los mercados o puntos de venta de nuevo tipo para comercializar productos agropecuarios deben cumplir 17 nuevos requisitos, poco tiempo después de haberse anunciado otras disposiciones, según el diario Granma del 23 de agosto.

En La Habana se abrirán 47 mercados, informó Luis Antonio Torres Iríbar, primer secretario del Partido Comunista en la capital, el 28 de julio. Pero resulta dudoso que el Gobierno pueda mantener surtidos de productos estos nuevos puntos de venta cuando los mercados estatales (MAE) están desabastecidos y las cooperativas que rentan locales o venden sobre camiones son las únicas salvavidas de los barrios.

Difícilmente podrán acondicionarse las maltrechas construcciones por la agonizante economía del país, más tensa debido a las crecientes erogaciones por el fuerte rebrote de la COVID-19, o los recursos para los programas de reparaciones de calles, viviendas, conductoras de agua, parques y otros en las comunidades preteridas durante decenios.

Para el 500 aniversario de la capital se repararon vetustas bodegas, convertidas en los hermosos Mercados Ideales climatizados, con artículos industriales de producción nacional, carne de puerco y sus derivados y croquetas de pescado. Desde su inauguración hasta ahora, solo quedan ofertas muy esporádicas y grandes colas.

El primer requisito para los mercados no es contar con variedad de productos de diferentes calidades y precios: ese es el cuarto y está precedido por “tener a todos los trabajadores debidamente uniformados”, en un país donde hasta los uniformes escolares están racionados.

La primacía recae en estar inscrito en el Registro Central Comercial, seguido por tener buenas características técnicas constructivas, reflejar buena imagen, limpieza, organización y pizarras informativas de precios. El objetivo 15 es el sistema de pago a los trabajadores “vinculado a los resultados del mercado”, antecedido por “disponer de servicios sanitarios con las condiciones higiénicas requeridas”.

Entre las nuevas bondades se encuentran facilitar mensajería, venta online, cobro electrónico; tener calibrados y certificados los equipos de medición, además de las buenas prácticas e inocuidad de los alimentos. Las ofertas de los productos de las minindustrias locales deben incluirse. El subarrendamiento o arrendamiento de espacios y tarimas pueden implementarse. Finalmente se menciona un código de ética para los trabajadores del mercado.

Por su parte, la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) se sumó “con su papel orientador y de apoyo al reto que el sector tiene por delante” a un recorrido de representantes de su dirección nacional por los agromercados de La Habana, atendidos por cooperativas de las provincias de Artemisa y Mayabeque, según el artículo de Granma “Si te gusta la malanga y el arroz con mojo…”. Las personas entrevistadas dijeron que estaban bastante surtidos, pero se quejaron de los altos precios. El representante de las cooperativas adujo el incremento de los costos de producción.

La producción agrícola en Cuba descendió en todos los rubros, con excepción del tabaco y las papas en el quinquenio pasado, cuando aún se estaba lejos de satisfacer las necesidades de la población, y mucho más de las 30 libras por persona mensual fijada por el Gobierno como meta.

Las causas de la caída de producción de viandas, por ejemplo, están en la falta de estímulos a los campesinos y los bajos precios pagados por el Gobierno, al que tienen que vender el 80% de su cosecha y, según el cual, deben mantener “precios topados”. Además, los agricultores cubanos están sometidos a trabas para la comercialización que provoca la pérdida de los productos en los campos por la no recogida de las empresas de Acopio, las deudas impagadas durante un año y más, así como la carencia de fertilizantes, herbicidas, plaguicidas y combustible.

Los embates de la naturaleza y la sequía no han sido tan notables como para que las autoridades hayan podido señalarlas como causas fundamentales del desastre.

Más allá de La Habana, los mercados agropecuarios también se abren bajo los auspicios de los gobernadores e intendentes. Sin embargo, los productos escasean, y los precios tienen que mantenerse altos con fuertes afectaciones a los pensionados y personas con bajos salarios, también perjudicados por la Tarea Ordenamiento.

Las medidas emprendidas en la agricultura recientemente probarán efectividad en la medida en que aumenten la producción y las ofertas. Si no se logra, la situación alimentaria será muy grave, complicada por la imposibilidad de importar. La necesidad de recurrir a las donaciones recibidas del exterior actualmente ya augura el porvenir.